“Palabras y paradojas”… sobre Pamen Pereira

Pamen Pereira - ARTIZAR (6)
Palabras y paradojas
La última exposición de la galería Estudio Artizar se centra en la figura de la artista gallega Pamen Pereira que por primera vez realiza una individual de su magnífica obra en Tenerife. Desde sus inicios su producción oscila entre lo imaginario como contenido principal de la vida y esa mirada extrañada suya hacia su entorno.
El mundo entero es medicina III es una historia sobre la verdad, pero lo que nos relata es, sin embargo, altamente simbólico, casi una fábula. En este proyecto, que aglutina ya tres muestras, cuestiona la idea de verdad como concepto universal. Estas obras están forjadas mediante conceptos homólogos que se retroalimentan unos a otros y que se dan significado y existencia mutua, como medicina y enfermedad –no existe el uno sin el otro-. ¿O bien es esta la forma en que inevitablemente lo percibimos?  La artista se cuestiona si es la subjetividad el elemento de libertad individual, pues la Nada es el Absoluto; cada cosa es el contrario de sí misma –como diría Novalis-.Pamen Pereira - ARTIZAR (4)
Para ella,  el arte es el órgano palpitante de la filosofía, la esencia de la libertad humana. Cada obra está formada por pensamientos fugaces, como sueños que se dejan de recordar cinco segundos después de haber despertado, que permanecen indelebles como tatuajes sobre la piel de la memoria. No se puede vivir sin pensamiento. A pesar de que grandes místicos han conseguido anular todo tipo de pensamiento mundano aspirando a El Vacío. Para Pamen Pereira la lucha es otra, ella entra en un estado de conciencia enteramente receptivo y busca esa lucha de análogos que constituye la nada llena de vacío.
La máxima el mundo entero es medicina es casi una aplicación programática del texto de un KOAN –problema planteado por un maestro zen al aprendiz-, pero partiendo desde una perspectiva pragmática Pereira le da la vuelta y lo torna simbólico. Ella no realiza una lectura clásica, si no casi una fabulación mitológica, una dualidad entre los modos bajo-medieval y renacentista, simbólico y científico, oriental y occidental como simbiosis de contrarios. Su aprendizaje es experiencia, y la palabra no es la cosa, no representa en su totalidad el objeto, sólo lo nombra en forma de paradojas. Por tanto el Ser como vocablo-significado tampoco es el verdadero Ser. Llegar al núcleo de su significado es el trabajo que continúa con esta tercera incursión del título que da nombre a la exposición. Pamen Pereira se mueve en el ámbito de la intuición intelectual, de la reflexión subjetiva, de la libertad individual.
Pamen Pereira - ARTIZAR (1)
Sus obras son una amable y acertadísima fusión entre belleza, arte y filosofía en forma de pura frontera entre el dominio de la palabra y la demonización de su significado. Pereira no busca adoctrinar un sentimiento, ni ponerlo bajo un dogma estético. Busca El Lugar, realiza mapas e investiga los conceptos limítrofes con la verdad. Parece preguntarse cómo ha empezado la humanidad, busca el mito del origen. Irrumpe con ansia en nuevas fronteras para disiparlas, sobrepasa la añoranza y se convierte en una viajera espiritual. Desde sus inicios ha cultivado el sentido y el gusto por lo infinito, casi como un proyecto pedagógico cuyo fin es disipar el misterio de la naturaleza humana. Sabe del orden de las cosas pero atraviesa las barreras del cientificismo y se adentra en el misticismo. Así, dice ella misma, “un día conseguí respirar el mundo”, de tal modo que el tratamiento de la materia y del objeto en sí es una metáfora de la relación del individuo, encarnado en la propia Pamen Pereira, con el mundo de la ideas. Se aparta así de lo físico pero partiendo de ello, pues ¿puede tener más peso el humo que la carne?
La artista se convierte  en un antiguo agrimensor, recrea la tierra mensurable en forma de humo sobre el límite occidental

Pamen Pereira - ARTIZAR (1) (1)

del mundo conocido. Representa un topos o mapa de caracteres orgánicos excepcionales. Sus trabajos de humo sobre papel o plata hablan de la recuperación de una clase de aura antaño perdida en el arte. A través de este concepto y de ese exquisito y volátil material habla de límites que no existen, límites difusos que van más allá de todo lo representado. Lo importante no es ser consciente de ese límite, lo importante es la elección de El Lugar. Estar en el límite fronterizo es estar en todas partes, en el proceso del acontecimiento.
Las personas habitamos en discursos interiores. Pamen Pereira es conocedora de esta riqueza humana y teje a través de este concepto un auténtico hilo de La Verdad. Traza su propia cosmografía, su propio universo en forma de mapas. Y se maravilla de nuestra peculiar forma de aproximarnos a ella. El espectador que deambula por la sala actúa como un espejo al otro lado. Él representa la insoportable levedad del cuerpo, pues éste desaparece y son los objetos los que tienen una razón de ser. El cuerpo pesa, los objetos flotan como experiencias vitales expuestas. Con esta relación entre cuerpo y objeto la artista se pregunta por la forma de relación del cuerpo con los objetos y el arte y se responde a través de una forma de espiritualidad física. Así, en medio de la contundencia aciaga de este mundo inconexo y en crisis, ella se expresa a través de la fragilidad, a veces en forma de un delicioso devenir de cosas, otras, a través de una atroz cadena de elementos visuales.
En su producción se recrea la invisibilidad de la acción de la naturaleza mediante un ritmo gozoso, el objeto en reposo, cercenado por esa intensa mirada curiosa de la artista. El mundo aprehensible es captado por ella con energía. La luz, a sus ojos, emerge del misterio, almacenado en una chaqueta ajada pero vívida. Mediante esa luz la vida recibe una dimensión de flotación envuelta en una mística mensurable del ser que casi participa en lo divino. La artista se descama, se arranca la piel y cada capa es un paisaje, un mapa contemplativo y fragmentado.
El trabajo que realiza no es presente ni presencia, es cascarón de instantes pasados de su propia exploración que abandona a su paso, lo que le resta al espectador es armar sus propias historias empáticas a través de estos retazos y de esos no-lugares, donde la inexistencia existe todavía más.

Pereira establece un compromiso con el arte partiendo de un punto de vista terrenal para traspasarlo. Su obra es un ritual en el que se ve envuelto el espectador, que participa de esa ceremonia y de la búsqueda trascendental de la artista. De tal manera, que a los objetos les brotan raíces, con carácter de naturaleza revelada, naturaleza que late, enfática.

Dalia de la Rosa
para Hoy&Today
Pamen Pereira - ARTIZAR (5)

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