“Nitrato” de Dave McKean en Artizar

Mitos, Arte y Escalofríos

Inmaculada Corcho

 

“La emoción más antigua y más intensa de la humanidad es el miedo,

y el más antiguo y más intenso de los miedos es el miedo a lo desconocido”

 H.P. Lovecraft

 

Dave McKean, o lo que es lo mismo el creador del terror más bello, no tiene límites. Es así porque su imaginación tampoco parece tenerlos. Donde otros autores no llegaron, McKean expande todas sus habilidades y si alguien le contó la historia más extrema, más vertiginosa, él reconstruye una imagen superior más desbordante de la que su primer autor hubiera imaginado. Su obra es un bestiario de poesías visuales, una antología de pasiones y sentimientos, de vicios y virtudes nacidos de una frenética convulsión por crear escenas y personajes múltiples, una manera de hacer por adición, incrementando con materiales el significado de las imágenes en un proceso que da como resultado obras riquísimas, jugosas en texturas y composición, además de alimentar las emociones.

A lo largo de la historia, el ser humano ha buscado resolver los misterios de la vida y echar luz sobre lo desconocido, pero en ocasiones no hay ni iluminación ni hallazgo, sino oscuridad y una batalla con la lógica que convierte la existencia en zozobra, miedo e incertidumbre. Lo extraordinario y monstruoso ha estado presente desde que existe el ser humano. Los misterios se han alimentado desde épocas primitivas de una contradictoria necesidad de entregarse a ellos o exorcizar lo incomprensible. Cantares, cuentos, pinturas y escenificaciones han ido perpetuando los mitos y las historias más irracionales de todos los tiempos. No es extraño, pues, que se denominaran fantasmagorías a las primeras representaciones de misterio y terror del cine. Toda esta tradición deambula y habita en las creaciones de Dave McKean.

Parece que los mitos más oscuros fueran su territorio natural, disfruta destripándolos y recreándolos, y es por ello que las obras recogidas en esta muestra, Nitrato, nos trasladan al arte más inquietante inspirado en las historias tenebrosas del cine mudo. Su inconfundible y personal estilo enraíza directamente en la estética expresionista, en sus relatos negros y personajes escalofriantes, mitades de seres, pedazos de criaturas atornillados, pegados o cosidos, siguiendo el rastro de los primeros realizadores de un cine heredero del teatro de sombras, con sus formas sólidas proyectadas y potentes claroscuros cegadores y mareantes. Como ellos, McKean compone sus obras jugando y experimentando con las emociones, construyendo piezas que descolocan los sentidos y alimentan los miedos desplegando un delicioso sufrimiento sobre el observador.

Nitrato es una colección anárquica donde el artista ha generado una categoría extrema de seres que son una hipérbole absoluta de sus referencias cinematográficas, creando para los personajes y sus ficciones una piel nueva que arropa los cuerpos y cubre los escenarios. Esta nueva factura gráfica y visual que construye el artista resulta una reinterpretación refinada y sofisticada que se burla de nuestra vista con sus múltiples formas, dibujos ocultos, líneas superpuestas y enmarañadas  concebidas bajo el tamiz de las antiguas vanguardias y sostiene la subjetividad emocional de lo inquietante y el suspense.

Pese a la composición/descomposición, McKean es generoso y honesto con sus referentes. Es explícito con los temas representados, de ahí mantener los títulos de las películas y el nombre de los directores. No quiere desprenderse de la fantasía previa, sino hacer que de sus dibujos nazcan nuevas historias junto a personajes reconstruidos de los que emergen criaturas híbridas cargadas de simbolismos y mensajes, del mismo modo que cada pieza concentra técnicas superpuestas, trazos, manchas y huellas que añaden significado e interpretaciones. Creaciones artísticas que no escapan a la riqueza semántica de los carteles publicitarios o del diseño gráfico y que exponen la naturaleza propia de un lenguaje y un oficio que no deja atrás y maneja a la perfección.

Sus obras presentan una paleta rica y libre propia de quien domina la técnica, curtido en el collage y la gestualidad, con geometrías de las vanguardias y estilizaciones aborígenes, un maravilloso compendio de conocimientos artísticos, cinematográficos y de diseño al servicio de la narración y la síntesis. Algunas piezas  parecen cosidas, enganchadas, pegadas, incluso maltratadas, aportándoles una

dureza que enriquece el tema representado; y los dibujos, monocromos y aparentemente más sencillos y puros, recogen rastros intensos de un pincel que golpea el papel y completa las formas duras que parecen salidas de un sello tallado en madera por un artista ancestral.  Hay una espontaneidad febril y primaria, que es la de quien sabe, de quien estudia, de quien ha interrogado a los estilos y ha decido desmontarlos, citarlos o salvarlos  a su gusto, imprimiendo en todos ellos una intensidad gestual y emocional que atrapa al espectador desde la primera mirada.

La sabiduría artística de Dave McKean desborda nuestro campo visual. Si solo nos quedáramos colgando nuestra mirada del cuadro, estaríamos tranquilos, lo extraordinario es que esas visiones nos hacen desplazar la mirada buscando con el rabillo del ojo una forma intangible que percibimos deambulando a nuestro alrededor justo antes de sentir cierto escalofrío.

 

 

Myths, Art, and the Shivers

Inmaculada Corcho

 

“The oldest and strongest emotion of mankind is fear,

and the oldest and strongest kind of fear is fear of the unknown”

 H.P. Lovecraft

 

Dave McKean, creator of the most beautiful terror, knows no limits. Perhaps because his imagination appears to be similarly boundless. McKean stretches out all of his abilities to places other authors cannot reach, and if someone tells him the most powerful, dramatic tale, he reconstructs a higher image, one even more thrilling than the first author could have possibly envisaged. His work is a bestiary of visual poetry, an anthology of passions and feelings, of vices and virtues born of a frantic turmoil, creating multiple scenes and characters, a kind of creation through addition, increasing with materials the meaning of images in a process that results in rich works, luscious in their textures and composition, which feed into our emotions.

Throughout history, humanity has sought to resolve the mysteries of life and shed light on the unknown, but sometimes there is neither enlightenment nor discovery, only darkness and a struggle with logic that turns existence into anxiety, fear, and uncertainty. The extraordinary and the monstrous have been present since the dawn of human existence. Mysteries have been fuelled since our most primitive times by a contradictory need to surrender to them and exorcise the incomprehensible. Songs, tales, paintings, and dramatic recreations have perpetuated the most irrational myths and stories of all time. It is unsurprising therefore, that the first filmic representations of mystery and terror were known as Phantasmagoria. All this tradition roams freely and inhabits the creations of Dave McKean.

As if our darkest myths were his home ground, he enjoys ripping them open and recreating them, and that is why the pieces included in this exhibition, Nitrate, take us on a journey through the most disturbing art inspired by the dark stories of silent cinema. His unmistakable personal style is rooted directly in the expressionist aesthetic, in its dark tales and spine-chilling characters, half-beings, scraps of creatures screwed, glued or sewn together, following the trail of the early filmmakers, marked by the legacy of shadow theatre, with its projected solid shapes and powerful blinding chiaroscuro that left us dazzled and dazed. Like them, McKean composes his works by playing and experimenting with emotions, building pieces that unhinge the senses and fuel fears by enveloping the observer in an exquisite form of suffering.

Nitrate is an anarchical collection in which the artist has generated an extreme category of beings, the absolute hyperbole of their cinematographic references, creating a new skin for these characters and fictions, which he drapes over their bodies and stretches out across his scenes. This new graphic and visual style that the artist builds is a refined and sophisticated reinterpretation that mocks our gaze with its multiple forms, hidden drawings, and overlapping tangled lines conceived by sifting through the old avant-garde, sustaining the emotional subjectivity of the disturbing and suspenseful.

Although he plays with composition/decomposition, McKean is generous and honest with his references. He is explicit about the themes represented, keeping the titles of the films and the name of the directors. He does not want to break away from the previous fantasy, but to bring new stories to life through his drawings, together with reconstructed characters from which hybrid creatures emerge, laden with symbolism and messages, just as each piece concentrates overlapping techniques, strokes, blotches, and marks that add meaning and interpretations. Artistic creations that do not escape the semantic richness of advertising posters or graphic design and which expose the very nature of a language and a profession the artist has not left behind and which he has mastered entirely.

His works present a rich and free palette, as befits a true master of technique, seasoned in the art of collage and body language, with avant-garde geometries and aboriginal stylisations, a wonderful compendium of artistic, cinematographic and design knowledge, harnessed to narration and synthesis. Some pieces appear to be sewn, hooked, glued, even battered, giving them a hardness that enriches the subject portrayed; and his drawings, monochrome and apparently simpler and purer, contain the intense strokes of a brush that hits the paper and completes these hard forms, giving the impression they were imprinted by a wooden stamp carved by an ancestral artist.  There is a febrile and primal sense of spontaneity, that of one who knows, who studies, who has questioned the styles and has decided to dismantle them, cite them or save them on a whim, imprinting upon all of them a gestural and emotional intensity that captivates the viewer from the very first glance.

Dave McKean’s artistic wisdom flows out beyond our visual field. If we could just fix our gaze on the pictures alone, we could remain calm; the extraordinary thing is that those visions force us to shift our gaze and glance out of the corner of our eye to spot an intangible form we think we have seen, wandering around us, just before the shiver runs down our spine.

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