Artizar y su paso por la XIII Bienal de La Habana

Justo en estos días clausura la XIII Bienal de La Habana y hemos querido aprovechar para contar lo que vimos, trabajamos y sentimos durante nuestra visita y participación en los distintos proyectos en que tomamos parte.

El principal motor de la vinculación de la Galería Artizar con esta edición de la Bienal fue la propuesta de los artistas Martín y Sicilia para la sección de “Detrás del muro”, un recorrido de esculturas e intervenciones artísticas a lo largo del famoso Malecón. Este proyecto estaba curado por Juan Delgado y la pareja de artistas tinerfeños fue una de las representaciones españolas.

“Basket people” es el título que tuvo la instalación de Martín y Sicilia, unas siluetas en madera en la que se representaban a ellos mismos (o sus avatares creativos) sobre unos aros y tableros de baloncesto, invitando a todo el que pasase por allí a participar con la obra de la mejor manera posible, tirando a canasta e intentando encestar, apoyándose para ello en el golpeo a las figuras de los artistas. Sobra decir que se formó un gran revuelo y concurrida expectación, junto al parque Maceo de la capital cubana se creó un divertido encuentro entre visitantes de la bienal y lugareños que disfrutaban de lo que, una vez cada tres o cuatro años, les proporciona la Bienal de La Habana, algo más que apoyarse en el Malecón para mirar al mar y ver caer el día.

 

“Nunca antes se habían visto canastas de baloncesto en el Malecón de La Habana, y menos colgadas de un muro clasificado como Patrimonio Histórico. Son cuatro y llevan adheridas figuras humanas a tamaño real que encajan los constantes pelotazos de niños y turistas.

“Nos exponemos a ser golpeados por la ciudadanía sin ningún problema”, explican a Efe los representados en las cartulinas, que no son otros que los creadores de la instalación artística, Martín y Sicilia (Tenerife, España, 1974 y 1971).

Su obra “Basket People” busca comunicar “la autoexplotación a la que estamos sometidos casi todos los sujetos occidentales”. Pero, sobre todo, es un buen ejemplo de la naturaleza interactiva de “Detrás del muro”, la muestra estrella de la XIII Bienal de La Habana (12 de abril al 11 de mayo) que transforma durante un mes el muro más emblemático de la capital de Cuba.”

Agencia EFE. 16 de abril de 2019

 

“A medio camino entre el performance participativo y la reflexión conceptual, Basket people, de los españoles Martín y Sicilia, atrajo la atención de tantísimos cubanos aficionados al deporte. De la representación, tableros de baloncestos, a la interrogación, la operación estética está planteada, pues el público se pregunta cómo y qué hacen en el blanco esas personas, a qué se exponen y si es posible intercambiar roles.”

Diario Granma. 19 de abril de 2019

 

El mejor acompañamiento posible para esta participación fue dar forma a una muestra colectiva de artistas canarios en Estudio Arte Contemporáneo, en pleno Vedado. Una nueva colaboración entre el espacio habanero y la Galería Artizar. En esta exposición pudimos disfrutar de la obra de Noelia Villena, Martín y Sicilia, Carlos Nicanor, Marco Alom y Alejandro Correa. Se consiguió una fantástica representación de lo que nuestros queridos artistas están trabajando, una inmejorable ocasión, tanto por momento como por lugar, para reunirnos viejos y nuevos amigos en torno al mejor arte canario en Cuba.

Noelia Villena colgó una serie de obras sobre papel de muy reciente factura, ejemplo de la línea que sigue actualmente su trabajo. Martín y Sicilia acompañaron su instalación en el Malecón con algunas obras bidimensionales, el tríptico Tutorial para la construcción de una mesa o Dele color al difunto (remake), que ya se pudieron disfrutar en su última exposición en Artizar, fueron las piezas elegidas.

Como recordatorio de su participación en la Bienal de La Habana anterior, Carlos Nicanor expuso una serie de fotografías documentales sobre la instalación Lemon way y un dibujo boceto titulado El camino del hombre mosca, también en clara referencia a su anterior estancia en La Habana, pues fue allí donde lo realizó.

Marco Alom, además de acompañarnos en la aventura, participó en la muestra con tres grandes dibujos, Boca devoradora en el que representa a un tiburón martillo edificado a base de innumerables batallas navales, La fosa, y una impresionante jaqueta fial a su estilo, fiel a la tinta y a las historias dentro de historias. Y por último, Alejandro Correa colgó una serie de cinco pequeñas pinturas, cinco acrílicos sobre tabla de sus ya conocidas “mujeres”.

Con todo esto y la mejor compañía y colaboración de nuestros amigos, tanto los que vinieron con nosotros desde España como los que ya nos esperaban en Cuba, se creó una irrepetible velada.

 

Para terminar, no queremos olvidar las visitas que realizamos a los estudios de Manuel Mendive, Rubén Alpízar y Santiago Rodríguez Olazabal. Maravillosas atenciones en cada casa. Alpízar y su familia nos brindó una mañana de arte, tertulia y la mejor pata asada de cerdo que haya probado hasta la fecha. Ron, tabaco cubano, pinturas y la hospitalidad de Rubén, Katia, Daniela y René hicieron el resto.

El mismo día tuvimos la suerte de que nos recibiera Santiago Rodríguez Olazábal en su taller, una casa familiar gobernada por un fantástico patio que insuflaba paz a toda la propiedad, y junto al patio, el espacio creativo, una pequeña nave en la que se concentraba una importante cantidad de sus trabajos más recientes y en la que nos reunimos todos en torno al artista para dejarnos llevar por sus explicaciones y orientaciones hacia su obra y su forma de trabajo. Enorme agradecimiento al artista, su esposa y su hijo Santiel, por facilitarnos la experiencia.

Y por último, casi como despedida a nuestros días en la isla caribeña, tocó excursión a Tapasté, un pueblo alejado de La Habana, hacia el interior, en el que se encuentra la finca del maestro Manuel Mendive. Pasados unos días de su ya habitual performance para la Bienal de La Habana, Mendive nos recibió como acostumbra, en su balancín frente a unas vistas que atrapan, hasta el punto de no tener noción del tiempo. Un lugar donde se respira paz, y con muy pocas palabras, verdadera sabiduría.

Poca obra pudimos ver, pues el maestro ya no puede llevar el ritmo creativo de otras épocas, pero lo poco resultó exquisito. Terminamos la visita con un fantástico almuerzo en medio de esa gran finca y con la compañía de nuestro amigo Alexander, asistente de Mendive, que hizo malabares para que tuviésemos nuestro día junto al gran mestro del arte cubano.

Con todo esto solo nos queda agradecer al grupo que nos acompañó en la aventura y con los que compartimos cada vivencia, Choli, Juanma, Miguel, el joven Miguel, Gina, Marco, Verónica, José Arturo y Javi. Gracias!

 

Un lujo caribeño que ojalá se repita

El maestro José Bedia vuelve a Tenerife de la mano de Artizar

UN MURMULLO, UN RONRONEO…  CANTARES DE UN SUSURRO ARCANO

(oralidad y vínculo en -la obra reciente de- José Bedia)

 

Se logra lo mismo sacrificando un elefante que con un vaso de agua y una vela. El secreto o lo que los estudiosos llaman “el sacramento o lo sagrado”, -en verdad- está en el canto que se le ofrenda a esa vela y al agua del vaso.

Octavio Colé | Sacerdote Babalawo | 45 años de Ifá

 

En voz muy bajita, casi como susurrándonos, el artista cubano-americano José Bedia se empeña -desde hace años- en rescatar la oralidad, dejar sus huellas urdiendo un mapa a través de su quehacer visual, fundamentado en el lenguaje pictórico y el dibujístico, un mapa simbólico sobre la trasmisión de saberes oralmente; una constante que ha sido y es, desde siempre, una de las premisas utópicas y metodológicas de su trabajo. Bedia edifica su obra desde una operación de arqueología y restauración de sus estudios antropológicos sobre cómo sobreviven hoy día las “culturas primalistas”, en combinación, con cómo también sobreviven al avance civilizatorio del progreso social como maquinaria homogenizadora, las culturas populares. En ese sentido, el artista es un registrador, un anotador de marcas endémicas que tienden a desaparecer de los estratos que componen nuestras voraces culturas omnívoras. Estas culturas trasatlánticas atravesadas por la africanidad, la españolidad y lo aborigen, en una mezcolanza en perpetua mutación, en un movimiento infinito de autodefinición.

Quizás por esa urgencia de quien no sabe a cuánto estamos de la inevitable  desaparición de estos fragmentos culturales que están siendo solapados, ocultados, silenciados, en su última producción Bedia se esfuerza por “ilustrarnos” -en el sentido de quien enseña, muestra u ofrece una iniciación gnóstica- cómo se mantienen entre nosotros esas transmisiones orales, como el ronroneo de ciertas nanas (canciones de cuna, muchas ya universales que han trascendido su localismo), boleros, danzones, habaneras, cantes de ida y vuelta, canciones susurradas, cantadas como murmullos al oído del iniciado, del recién nacido, del niño ingenuo que todavía el hombre es, pues Occidente se infantiliza cada día en su narcisismo tardío que aún resuenan entre nosotros.

En un universo de reclamos de egolatrías, Bedia se desliga y baja la velocidad de sus obras, las hace menos escandalosas[1], más íntimas, más directas, menos enigmáticas, como si primara en él una necesidad de “hacerse entender”, incluso haciéndose más descriptivo[2]; apelando a una relación narrativa directa, ni siquiera cargada de su habitual sentido del humor, sino didácticamente análoga, clara… clarividente.

Puede que esta necesidad late en José Bedia porque está anclada en el conocimiento de que en esa relación de fe hay un vínculo, un nexo que debe salvarse, anotándolo, haciéndolo fabulación visual, cuaderno de anecdotario, crónica simbólica que indica una resistencia invicta aún. Una conexión hombre planta, planta animal, animal mujer, mujer luna, luna tierra, monte mar, mar tierra espíritu… y así. Una recíproca relación eco-sistémica donde “algo” de ese saber ancestral podría indicarnos las reglas del juego de nuestra supervivencia como especie, como sociedad presente que se proyecta hacia el futuro desde el pasado. Un vínculo que es transversal y atemporal, poseedor de un saber que traspasa el tiempo. Un diálogo que Bedia comprende como el don en lo dado, en el intercambio, en la voz de los otros, en su palabra y su musicalidad, su sinfonía mínima.

Aún cuando esa música suene detrás, de fondo, como un murmullo, un cántico divino silencioso, en voz baja, sólo para entendidos e iniciados, estudiosos sabedores de esas lenguas otrora misteriosas, enigmáticas y ocultas ante los saberes actuales, idiomática que conoce perfectamente porque sabe que si él pregunta… sus deidades responden. Como dejó plasmado en aquella obra germinal de título: Si yo te llamo tú me respondes (1985). Una graficación del sistema dialógico y vinculante que describe la relación del Iniciado y su Nganga.

A día de hoy, tal vez, todavía alguien de fe.

Omar-Pascual Castillo

Primavera de 2019 | Las Palmas de Gran Canaria, España.

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[1] Sus macro-instalaciones por la que se lanzó su carrera por la década de los 90s, algunos críticos las etiquetaron de “efectistas, chabacanas, o escandalosas”, cuando en verdad eran evidentemente un grito… pero un merecido grito de libertad, tras su temprano exilio, primero a México y luego EUA.

[2] Un rasgo que podríamos decir ya abarca dos décadas, pues desde el inicio de su agrisada serie de Estatuas, Ruinas y Batallas Navales del año 1999, este carácter narrativo se hizo latente, un sello que actualmente Bedia cultiva con cierto desparpajo y desacomplejado placer pictórico, alcanzando cuotas de verdadero goce, derroche y magistralidad.

 

  • Inauguración_ Viernes 29 de marzo a las 20:00 h. (contaremos con la presencia del artista)

Nueva individual de Amparo Sard en Artizar

Amparo Sard - Artizar

Estamos encantados de anunciar la segunda exposición individual de Amparo Sard en la Galería Artizar, que será inaugurada el próximo viernes 14 de diciembre y permanecerá abierta al público hasta el 19 de enero del 2019.

Desde que empezó su colaboración con Artizar, la artista mallorquina ha desarrollado una intensa relación con Tenerife, como lo evidenció su exposición individual en el TEA y proyectos como la intervención que prepara en el Espacio Cultural de El Tanque de Santa Cruz para el año entrante.

Licenciada y profesora de Bellas Artes en la Universidad de Barcelona, Master of Art in Media Studies por la New School University de Nueva York, Amparo Sard ha sido galardonada, entre otros reconocimientos, con el Deutsche Bank Internacional y la Medalla de Oro del Gobierno Italiano a su carrera y seleccionada como una de las mejores artistas del mundo del año 2018 para la LXRY list de Holanda. Sin lugar a dudas se trata de una de las artistas más relevantes de su generación a nivel nacional.

Ha expuesto de manera individual y colectiva en galerías, ferias internacionales y museos como el MACRO Museo de Arte Contemporáneo de Roma, TEA Tenerife Espacio de las Artes, Es Baluard Museo de Arte Moderno y Contemporáneo de Palma, Irish Museum of Modern Art, White Box de Nueva York, Museo ABC, BOZAR Palacio de las Bellas Artes de Bruselas, MMCA Museo Nacional de Arte Contemporáneo de Korea, Royal Ontario Museum, entre otros. Su obra se encuentra en colecciones privadas y públicas de renombre como el MoMA de Nueva York, Guggenheim de Nueva York, la West Collection (Museo de Arte Contemporáneo de Chelsea, Nueva York), el MACRO (Museo de Arte Contemporáneo de Roma), el Taylers Museum (Haarlem, Holanda), Artium (Vitoria, España), Deutsche Bank de Berlín y Nueva York, Fundación Loewe (Madrid), Col·lecció Testimoni de la Caixa (Barcelona, España), Fundació Pilar i Joan Miró a Mallorca (Palma, España), Es Baluard Museu d’art Modern i Contemporani de Palma (España).

Un verdadero privilegio para nuestra galería y para la escena cultural tinerfeña contar con ella entre nuestros artistas y seguir presentando nuevos proyectos que afiancen esta conexión artística.

Amparo Sard - Artizar 2

‘Un cierto dominio’ de Ubay Murillo en ARTIZAR

Ubay me habla de la vanguardia. De la búsqueda de los artistas constructivistas, cubistas, incluso los futuristas, que definen sus revoluciones particulares en el arte: la autonomía de la obra, la disolución del arte en la vida, la proclamación del artista como productor, o la crisis de la representación. Me habla del cuerpo deshumanizado y tecnificado, del retorno al hombre natural. Del desmontaje de la imagen y de la descomposición de la verdad; de las leyes de lo abstracto, que no responde a las palabras. Me habla de la propaganda que traía, encapsulada o en evidente despliegue, el arte en la época. Luego, me habla de la moda.

 

La moda hace algo similar, pero mejor. La moda se apropia de todo, cíclicamente, sin importar cuáles hubieran sido las intenciones originales de sus inspiraciones. También lo aplana todo, lo empaqueta como producto de nuestros sueños, universalmente compartido pero personalizado hasta el infinito. El consumidor, productor de sí mismo que desea desear, solo existe en la lógica de la moda. Como ya se dijo en los inicios del análisis de la cultura de masas y la publicidad, es coacción de innovación de signo, pulsión de sentidos aparentemente arbitraria y de misteriosa lógica cíclica. Ampliada al funcionamiento del consumo, oculta una inercia de imposibilidad de movilidad social bajo la ilusión democrática del acceso. La moda se conforma en el culto de lo efímero[1]: apropiándose de signos cambiantes, propone disfraces identitarios que luego ella misma destrona. Solo desde el privilegio se puede abrazar lo pasajero – lo nuevo y lo antiguo se relevan permanentemente en una oscilación de valores adscritos, desde lo auténtico hasta lo artificial, proponiendo tándems imposibles de pobreza chic, bohemia post-apocalíptica, vida urbano-natural o suntuosidad tecnológica.

Ubay recrea estos objetos-signo del estatus: materiales preciosos, formas apropiadas o  experiencias únicas que proyectan el lujo sobre nosotros – no ya solamente sobre el que los adquiere como productos, sino sobre todo aquél que vive en el mismo régimen donde impera su reinado –. La capacidad de vaciado y llenado de todas las cosas a nuestro alcance como receptáculos, hace que cada una de nuestras decisiones nos envuelva en la marca de nosotros mismos. El individuo se erige como sujeto psicológico, a la vez que su realidad material desaparece. Roto y descompuesto, su objetivo único es recomponerse, identificar sus traumas y sus vocaciones, y encontrarse al fin a sí mismo en su auto-realización. La máxima forma de reconstrucción que la lógica de la moda le permite es la del consumo productivo. Como en todos los programas ideológicos, sus manifestaciones resultan autoevidentes: así la movilidad y el acceso como marcadores del privilegio o la economía de la atención funcionan como valores tangibles. En una trayectoria imparable hacia lo inmaterial, el sujeto se recompone en sus actos de consumo mientras su carne y sus huesos se vuelven etéreos.

 

En sus escenarios, como en los diseños de escaparates o montajes de un nuevo catálogo de muebles de temporada, el artista toma prestadas las formas y composiciones, rupturas y desgarros de varias de las vanguardias. Lo satinado, lo brillante, lo reflejante, lo dramático y voluptuoso de unas conviven con lo plano, cortado, frío y calculado de otras. Las formas, colores y líneas abstractas, mínimas o desbordantes, se desvinculan de su pasado programático para rendirse ante la evidencia de que no hay contra, revolución, alternativa ni amparo; que todo lo que fue, está ahora up for grabs. Así como en las revistas, los escenarios se convierten en un background donde el cuerpo da forma a los materiales y los objetos (las telas, los sillones, las tazas de té están hechos a su medida), pero donde este ya está ausente. Repeticiones, déja-vu, juegos de espejismos y malformaciones – apuntan a la capacidad de moldeamiento de la imagen (de ese cuerpo que falta en el cuadro): la piel, como superficie hecha de dígitos, se adapta ahora a la estructura ósea de un sistema que requiere de los cuerpos la transparencia y disponibilidad más absoluta.

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[1] Jean Baudrillard describe la moda como fenómeno inseparable del consumo, y a ambos como factores de inercia social en el capítulo“Función-signo y lógica de clase”de su Crítica de la economía política del signo. Siglo XXI de España Editores, S.A., Madrid, 2010.

 

Sira Pizà,

Octubre 2018

 

La inauguración de Un cierto dominio de Ubay Murillo tendrá lugar el viernes 2 de Noviembre a las 20:00, y la exposición permanecerá hasta el sábado 8 de diciembre a las 14:00.

 

Artista seleccionado para la beca NOW de ARTIZAR

Tras estudiar las más de treinta solicitudes para la beca NOW, el equipo de la galería Artizar tiene el placer de anunciar que la persona que ha sido seleccionada para participar en la próxima edición de la feria de arte Hybrid de Madrid es ROMINA RIVERO, artista de Tenerife y que presentó un proyecto realmente interesante y prometedor a esta convocatoria.

Sólo queda agradecer a todos los artistas que han mostrado su interés por el proyecto y emplazarles a próximas ediciones de la beca NOW, pues han sido varios los que nos han llamado la atención, pero lamentablemente sólo podemos becar a uno.

 

Seguimos trabajando!

Equipo de Artizar

 

Artizar estará presente en Estampa 2018

El fin de semana del 18 al 21 de octubre se celebra la edición número 26 de la feria de arte contemporáneo Estampa, una edición especial porque por primera vez tendrá lugar en IFEMA Madrid, y también especial porque será el estreno de la Galería Artizar en esta feria.

El proyecto que tenemos preparado para la ocasión está enfocado en el trabajo de cuatro artistas, Carlos Nicanor, Ubay Murillo, Amparo Sard y Jesús Zurita.

 

Carlos Nicanor_

Como continuación de la exitosa “Verdad de Madame SIfira”, proyecto que se presentó en la pasada edición de Art Madrid bajo el comisariado de Carlos Delgado Mayordomo, Nicanor vuelve a crear una serie de piezas que acercan el final de un ciclo y otras que toman el testigo de lo que está por venir, entre ellas, el siempre vigilante Vanidoso, que hará de lúdico guardián del rincón de Artizar.

 

 

Ubay Murillo_

La próxima exposición en Artizar será suya, una nueva puesta en escena de su trabajo, que hace no mucho, dejó con la boca abierta a quién visitó el Espacio Cultural del Tanque de Santa Cruz de Tenerife, pues ofreció un despliegue instalativo, creativo y pictórico de un muy alto nivel, todo ello con la inestimable colaboración del comisario de la muestra Fernando Gómez de la Cuesta.

Para Estampa Murillo dará un pequeño gran adelanto de lo que veremos en su exposición de principios de Noviembre.

 

 

Amparo Sard_

Siguiendo la línea expositiva de la Galería, tras Ubay Murillo tendremos individual de Amapro Sard, que no sólo se ha vinculado de manera especial con Artizar, sino con toda la isla de Tenerife, un verdadero núcleo de proyectos para la artista mallorquina.

La feria también será una fantástica ocasión para abrir boca de cara a esta exposición que tendrá lugar en diciembre y con la que cerraremos el 2018 y daremos inicio al 2019. Obras recién salidas del horno se acompañarán con trabajos elegidos para la ocasión.

 

 

Jesús Zurita_

Es sin duda una de las grandes noticias de nuestra Galería en la última temporada, la incorporación del artista ceutí, que nos entusiasmó con su exposición individual Boca de energúmeno el pasado mes de mayo. Tanto es así, que algunas de las obras más importantes de la muestra formarán parte de nuestro stand en Estampa. Un referente en los creadores de su generación que ha iniciado un vínculo con nosotros y el proyecto galerístico que estamos desarrollando.

 

 

Datos de interés:

HORARIO

Jueves 18 de octubre a domingo 21 octubre de 12:00h a 21:00h.

PRECIO DE LAS ENTRADAS

15 € entrada general

25 € entrada + catálogo

20 €  catálogo

20% de descuento con Carnet Joven

50% de descuento para Familia Numerosa y Carnet estudiante no universatario

Niños menores de 11 años y mayores de 65 entrada libre

 
DIRECCIÓN

IFEMA FERIA DE MADRID

PABELLÓN 2 del Recinto Ferial Juan Carlos I

Av. Partenón, 5,

28042 Madrid

Martín y Sicilia vuelven a su “casa” de Artizar

De buena casa, buena brasa

José Arturo Martín (1974) y Javier Sicilia (1971) reflexionan acerca del sujeto contemporáneo desde hace más de veinte años. A través de la auto ficción, este dúo artístico sostiene careta en mano, levanta trampantojos a su paso y nos tiende un espejo construido a base de capas de pintura. Podría parecer que su objetivo es la representación más ortodoxa: dos artistas que se retratan a sí mismos en sus cuadros y que además, para ello, utilizan el tradicional lenguaje figurativo. Sin embargo, al observar sus imágenes, asistimos a un quiebro en la anterior aseveración, pues en su obra se cuelan incongruencias, ruidos, silencios, acertijos… nada de lo representado es literal. A partir de aquí, toda una madeja de significados por desentrañar.

Comenzaron a trabajar juntos en 1995 inaugurando Nos ponemos por los suelos. Fue una exposición relámpago que duró setenta y dos horas y que abría la primera hoja de una historia que todavía sigue sumando storyboards en la vida de estos personajes. De ellos sabemos exclusivamente sus apellidos. Sí, uno es Martín y el otro es Sicilia, pero ya no los reconocemos, se han intercambiado las identidades tantas veces que han terminado por instaurar un método de búsqueda basado en la teatralización de una autobiografía simulada. Frente a la idea de diario íntimo, estos artistas han pintado páginas enteras llenas de ficción utilizando como materia prima sus vivencias y su entorno más directo y cotidiano. Y hacen bien, quizás solo en esos retazos de invención pueda colarse de soslayo, en un segundo —pero con una contundencia mortal— los pocos atisbos de una realidad que se nos escapa ante la tremenda situación de colapso en la que se halla el individuo posmoderno. Así, a través de una pintura figurativa narrativa, pero a través también de otros lenguajes como la fotografía, el dibujo o lo instalativo, conceptos como la muerte de los grandes relatos, la identidad, la crisis de la masculinidad, el miedo, la incertidumbre o el capitalismo son puestos bajo el punto de mira para ofrecernos un mapa de coordenadas donde no están escritas las respuestas, pero sí una batería de preguntas a partir de las cuales poder trazar un camino.

El primer cuestionamiento de esta travesía es planteado en el tríptico Tutorial para la construcción de una mesa, que actúa como resumen del devenir de Occidente a través de la representación de tres hitos históricos: el mundo antiguo, representado por la figura de San José, de profesión carpintero; el mundo moderno, tematizado por Henry Ford, padre de la fábrica moderna; y el mundo posmoderno, protagonizado por Ingvar Kamprad, fundador de Ikea.

El padre de familia por antonomasia, San José, creaba hogar y mundo a través de sus manos. La construcción del hogar de la tríada básica occidental se levantaba conforme a unos muros y unos objetos que eran realizados mediante un trabajo artesanal que, como tal, salía de unas manos hacedoras de un mundo conocido y delimitable: manos, casa, mujer e hijo —a la par que dios— conformaban un universo permeable a la identificación. Y en medio de esos muros —el fuego— metáfora de casa, de centro, de calor, de familia y unidad. Ese fuego, por otro lado, que en otras historias a través de las cuales nos narramos, supuso la posibilidad del conocimiento: y al final, ya se sabe, todo acabó ardiendo. Pero antes de que todo saltara por los aires, el mundo que representaba San José se vio interrumpido por la llegada de la Modernidad. Del artesano al obrero, del objeto peculiar en tanto que único al objeto homogéneo de la serie. También se homogeneizó el productor. Un personaje desdibujado, desenfocado, aparece al fondo del segundo cuadro donde la protagonista es la mesa que preside una cadena de montaje de una fábrica de muebles. Decía Benjamin que la modernidad imponía un empobrecimiento de la experiencia; ahora parece que Ikea es lo más cercano que tenemos a la idea de «construcción» de una casa provocando el consabido cambio de escenario: la comunidad de la Modernidad se ha difuminado, y el nuevo individuo está ahora solo y ya no recuerda cómo se hacían las cosas con las manos, si acaso le queda un libro de instrucciones en papel reciclado y una caja que contiene unas piezas que, unidas, darán lugar a la ilusión de una mesa que decorará un hogar lleno de vacíos de sentido y de relatos: mi casa es, por ahora, la misma que todas las casas de este planeta.

La representación del hogar es una constante dentro de la obra de Martín y Sicilia. Alude a la inmanencia diaria de estos actores, que también somos nosotros —¿dónde estoy y a dónde voy?— pero trasciende lo meramente doméstico al operar, asimismo, en lo colectivo. En el recuento de los daños nuestra cama termina ardiendo. Epicentro de nuestro espacio más íntimo, el dormitorio es el lugar donde vamos a descansar una vez la jornada ha terminado, una vez se apagan las luces y nos quedamos a solas con nuestro soliloquio. Se trata de un incendio, el personal, y al tiempo, el de los muros que lo contienen —Dios nos libre de pensar mal— donde conceptos como estado, economía, lenguaje, religión o ciencia arden tras la caída de estos grandes relatos dominantes de la Modernidad consumando la deriva de la contemporaneidad.

Somos los nuevos robinsones del siglo XXI, y al hilo de la reactualización que hiciera Michel Tournier del mito del náufrago, tras la tormenta hemos despertado en una isla desierta y no sabemos muy bien si comportarnos como felices animales y volver a la unicidad del mundo que llamamos natural o, ante la soledad e inmensidad, reproducir los códigos y conductas que la cultura ha impreso en nosotros. El terreno es resbaladizo, la certidumbre ha mutado en lo incierto y ya no hay programas holísticos que den cuenta de lo que somos. Ante esta ausencia, pintar de blanco la superficie del lienzo —Dele color al difunto remake— permite a Martín y Sicilia tematizar una huida hacia el futuro eliminando las huellas del pasado como queriéndonos decir: ¿y si empezamos de nuevo a escribir la Historia?

¿Dónde habitar, entonces? ¿Dónde reconocer lo que me rodea y poner una primera piedra que dé sentido a mi mundo, a mi existencia? Martín y Sicilia terminan viviendo en los coches — Alquiler vacacional— tras ser desalojados de sus casas por imperativos capitalistas, y como náufragos desheredados, levantan una casa que ya no tiene paredes, y se las ven y se las desean para acomodar las estancias entre los asientos y el maletero, pues entre arenas movedizas, podemos vivir de alquiler en una casa prestada o, por qué no, pasar nuestras vacaciones dentro de un cuadro de ilusión con bellos trampantojos salidos del último catálogo de «la república independiente de mi casa». Asistimos a una teatralización del ensueño en donde persiste una extrañeza en todo lo que miran, una suerte de pesadilla kafkiana que va más allá de unos simples bichos. Después de descubrirse ausentes en sus dormitorios, se llevan todo a cuestas y terminan por acampar en azoteas —Somebody is watching me— queriendo llevar a cabo un último intento por volver a empezar. Pero no terminan de reconocer el lugar que ocupan cuando quienes les devuelven la mirada son unos animales salidos de no se sabe dónde.

Un conjunto de imágenes figurativas, a fin de cuentas, que viene a actualizar el catálogo de historias nada autobiográficas de Martín y Sicilia y llenas de señuelo conceptual. Sigue dominando una teatralidad con un regusto por el suspense que sumerge a sus personajes en las consecuencias de la pérdida de sentido del mundo contemporáneo. Después de barrer el bosque, han pintado de nuevo el cuadro en blanco: quedamos todos invitados a reescribir la Historia.

Verónica Farizo